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El porno, puerta al ‘sexting’, al sexo como arma y la frustración

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26/09/2023 a las 09:19

CEST


Los expertos de la UIB señalan los efectos negativos que el consumo de pornografía tiene en los menores: afecta a sus relaciones de pareja, su vida sexual y la visión de su cuerpo

«El porno reduce el sexo a un único sentido, a los ojos. Y la sexualidad al ejercicio mecánico de la penetración», afirma Lluís Ballester, profesor de la Universidad de las Islas Baleares y uno de los responsables del estudio ‘El acceso, consumo y consecuencias de la pornografia en la adolestencia de las Islas Baleares’. A través del consumo de pornografía, los adolescentes de las islas destierran de su vida sexual la seducción y el erotismo. El placer, incluso. Y es que, según reconocen ellos mismos a raíz de las preguntas del estudio, muchos de sus comportamientos sexuales no responden a una búsqueda del placer. La pornografía lo mata todo. Hasta la empatía. Les importa la imagen, ser como los protagonistas de las escenas violentas y agresivas en las que no se muestra ningún respeto ni preocupación por la mujer, les importa grabarlo, compartirlo, hacer ostentación. Y ya. Da igual la otra persona. Les da igual, incluso, ellos mismos.

Ballester y Sandra Sedano, también profesora de la UIB y también responsable del estudio, alertan de los riesgos que este consumo de pornografía tiene en los menores en un acto organizado en el Casal d’Igualtat por Metges del Món con motivo del Día Internacional Contra la Explotación Sexual, la Trata y el Tráfico de Mujeres y Menores. El porno abre la puerta al sexting, al sexo como arma —«se habla de sexo de venganza, pero debería hablarse de usar el sexo para atacar», reflexionan—, al contacto con pedófilos. Facilita que los adolescentes, especialmente ellas, vean como una posibilidad monetizar su atractivo sexual. Favorece el acoso con imágenes falsas, creadas por inteligencia artificial como en el tristemente famoso caso de Almendralejo.

Algunos, aunque sobre todo ellas, no tienen muy claro por qué consumen pornografía. Es lo que responden cuando, en el estudio, se les pregunta. Entre los aspectos positivos que le ven al consumo de estas escenas mencionan «aprender sexualidad» o «conocer prácticas sexuales». Entre los negativos, apuntan al «aburrimiento» en sus encuentros sexuales y a un empeoramiento de las relaciones de pareja. Es habitual que ellas afirmen que consumen pornografía «para saber qué les gusta a ellos».

Inteligencia artificial

Los datos no varían mucho en función de la isla. Sí hay diferencias por centros. Especialmente cuando en uno hay un adolescente que tiene dotes de líder y que es el que pasa los contenidos a los demás. «Cuando pasa eso vemos que el acceso a la pornografía aumenta en ese grupo», indica Ballester, que confiesa estar «preocupado» por el «acoso» que muchos menores, básicamente chicas, sufren por parte de sus compañeros no sólo por imágenes reales sino ahora, además, con las generadas de forma artificial: «Las nuevas tecnologías permiten hacer que sus compañeras protagonicen una película porno. La inteligencia artificial pone a su alcance unas facilidades que antes eran impensables».

La solución para frenar este consumo pasa por educar a los niños y niñas desde que son muy pequeños. «Desde Infantil», insiste Sedano. «Con un lenguaje adaptado», matiza. Y, evidentemente, con una normativa que garantice que los menores no pueden tener acceso a estos contenidos y que sancione, además. «Como pasa en Francia y en Alemania», matiza Sedano. Ballester habla del plan de «las cinco P»: prevención «con educación afectivo sexual», protección «de las personas que pueden quedar dañadas», participación «a través de espacios de debate de la sexualidad», persecución «de los delitos de incitación» a que los menores acaben generando contenido pornográfico y promoción «de masculinidades no tóxicas».

La pornografía también afecta a cómo los adolescentes ven su cuerpo. No les gusta, comparado con el que ven en las escenas. Y no es sólo una cuestión que se refleja en el aumento de las operaciones estéticas de pecho o glúteos entre menores, sino también de vaginoplastias o alargamientos de pene. «Intervenciones muy dolorosas», recalcan los expertos.

Las soluciones al azúcar mental

«La infancia está desprotegida», insiste Sedano. Los expertos recalcan que contenido pornográfico con adolescentes, que hasta hace poco únicamente se encontraba en la deep web está ahora al alcance de cualquiera. Ambos hablan también de la importancia de usar «el lenguaje correcto». Insisten, por ejemplo, en que no se debería hablar de usar el contenido sexual como venganza, «porque la otra persona no ha hecho nada, la pobre» y que se debería hablar de «sexo como arma, o de ataque». Lo mismo ocurre con la pornografía infantil: «Hay que hablar de explotación sexual infantil». Eso sí, reconocen que el Código Penal aún tiene tipificado el delito con el nombre que los expertos consideran menos adecuado.

Y es que, insisten, ese contenido sexual que, inspirados por la pornografía, generan los adolescentes puede acabar en manos de pedófilos y pederastas. La memoria de la Fiscalía del Estado, explican, habla de más de 800 hombres condenados por distribuir pornografía en la que los menores son los protagonistas. «Es un ejército que está dispuesto a comprarlo todo», advierte Ballester mientras empiezan a llegar al Casal d’Igualtat los asistentes a la presentación del estudio.

Algunas de las profesionales escuchan, atentas, los últimos compases de la rueda de prensa, una versión reducida de lo que les aguarda a ellas. «Muchas familias, cuando un niño come algo con azúcar se llevan las manos a cabeza y parece un drama. En cambio, están en su habitación, pueden estar viendo porno, y no pasa nada», reflexiona una de ellas. «Eso sí es azúcar malo, para la mente y su desarrollo, no el de una chuche», zanja.

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