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Expresidente uruguayo José Mujica habla sobre laicismo y crecimiento de los no religiosos

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Más de la mitad de los 3,3 millones de uruguayos dice no tener ninguna identidad religiosa y, entre ellos, el ateo más conocido es el expresidente José “Pepe” Mujica.

A sus 88 años, el exlíder guerrillero se ha ganado el respeto mundial por donar la mayor parte de su salario a obras de caridad y predicar la sencillez en un mundo de consumismo. Como presidente (2010-2015), su agenda social incluyó el respaldo al matrimonio homosexual y la creación del primer mercado nacional para la marihuana legal.

En su país, el número de ateos, agnósticos y otras personas sin afiliación religiosa representa la porción más alta de América Latina. A principios del siglo XX se promulgaron leyes para prohibir cualquier mención de Dios en los juramentos de cargos y eliminar símbolos, incluidos los crucifijos, de hospitales públicos. También se secularizaron los feriados: la Semana Santa es Semana del Turismo y Navidad es el Día de la Familia.

En una entrevista con The Associated Press en su granja en las afueras de Montevideo, Mujica reflexionó sobre la historia secular de Uruguay, las religiones y el crecimiento de las cifras de no creyentes.

Las preguntas y respuestas han sido editadas por brevedad y claridad.

AP: ¿En qué crees?

MUJICA: Yo creo que no hay nada, que la vida es la aventura de las moléculas.

AP: ¿Te gustaría creer?

MUJICA: Sí, pero no puedo.

AP: ¿Por qué?

MUJICA: Porque se cree o no se cree. Y veo a todas las religiones muy arrogantes. Porque la magnitud del universo es tan brutal. Intentar colocar a los humanos como el epicentro… me parece francamente ridículo ante la fenomenal magnitud que tiene el universo… Es probable que la vida exista en otros ambientes del universo, pero de todas maneras es infinitamente pequeña frente a los fenómenos de la física del universo.

AP: Las religiones traen —aunque han tenido errores garrafales— un sentido de comunión, de rito, de fe.

MUJICA: Y de límite … puede ser que contribuyan a limitar algunas tendencias negativas del ser humano.

AP: Cuando enfrentaste tu reto más grande —detenido en la cárcel por un largo tiempo— ¿qué te sacó adelante?

MUJICA: Que iba a salir a seguir luchando. Nunca me he sentido derrotado en el sentido de aplastado, de que se terminó todo. ¡No! Es probable que estas cosas sean biológicas… Hoy sabemos mucho más de lo que sabíamos antes, que nuestras tripas mandan mucho más de lo que parece. Sé que hay gente que nace pesimista, aunque saque la lotería todos los días, siempre lo ve negro. Y otros tienen ganas de vivir.

AP: ¿Qué piensas acerca de que los ateos, agnósticos y espirituales (pero no religiosos) sea el grupo de mayor crecimiento, sobre todo entre los jóvenes, en el mundo?

MUJICA: Es probable que en una evolución, el avance tecnológico, técnico y científico esté influyendo. Que es un peligro también, una falta de humildad, una arrogancia, el creer que tenemos todas las claves de la vida humana. Eso es una simplificación grosera en la que podemos caer, pero parece que es una evolución hacia la que va la humanidad.

AP: ¿Qué ves entre lo positivo y negativo de las religiones?

MUJICA: Políticamente, estoy consustanciado con el mensaje cristiano en su origen. Es decir, el cultivo de la solidaridad, el respeto a la vida. Pero eso tiene que ver con el cristianismo en sus orígenes. Después puede ser cualquier cosa. Esa cualquier cosa es una construcción muy humana… Sigue conservando en su seno enormes desigualdades, negaciones. Probablemente nos creemos que es un invento moderno, o que es la última etapa en la historia humana. No creo.

Ahora, el problema de Dios va a estar latente permanentemente. Y va a estar latente por el amor a la vida. Estamos programados para querer vivir, pero no es una decisión intelectual. La organización de la vida es un disco duro que nos mete la naturaleza: amar la vida. Y queremos vivir todo lo que podamos. Y sabemos que nos morimos. ¿Te das cuenta de que es una contradicción brutal? Estamos programados para querer vivir lo más que podamos, y sin embargo, nos morimos. Y como no queremos morir, necesitamos construir algo que nos cree la ilusión, que no todo termina aquí.

Yo veo un poco de piedad con la tragedia de la vida, que por un lado es hermosa, pero se termina. Y considero que venimos de la nada y vamos a la nada. Por lo tanto, el paraíso esta acá, y el infierno.

AP: ¿Como quieres que te recuerden?

MUJICA: El recuerdo es una cosa histórica, de historieta… Histórico no hay nada. Pasan los años y no queda ni el polvo.

Tengo un árbol que es una secuoya… y abajo tengo enterrada a la perrita Manuela, que me acompañó 22 años. Cuando me muera, me tienen que prender fuego y enterrarme ahí.

Te dicen: ‘¿cómo quiere que lo recuerden?’ ¡Vanidad de vanidades! Porque probablemente Amenofis IV debió haber sido un sujeto importante que tuvo 300.000 personas fabricando una tumba durante 20 años, pero ¿quién se acuerda de Amenofis IV? Algún especialista en historia.

AP: ¿Por qué la gente se acuerda tanto de Jesús?

MUJICA: Porque necesitamos refugio. Que yo no crea, no quiere decir que no respete mucho las religiones.

Jesús para mí era… flor de militante político. Trajo el sentido de igualdad, el amor a la vida, un montón de cosas. Lo veo como un compañero histórico. Y trascendió a lo religioso.

AP: Usted es respetado por mantener sus convicciones.

MUJICA: Yo vivo como pienso porque de lo contrario… corro el riesgo de pensar como vivo … pobre es el que precisa mucho… O como dicen los Aymara, pobre es el que no tiene comunidad, no tiene compañero en la vida, el que anda solo. Los que tenemos compañeros, no somos pobres. Tenemos la cosa más importante: solidaridad de los compañeros… Se considera que la riqueza es una cuestión material y estamos sometidos a una civilización de mercado que le impone subliminalmente a la gente la confusión de ser con tener, que hay que estar comprando cosas y debiendo… Y pagamos con el tiempo de nuestra vida que comprometemos con el trabajo, porque en realidad no compras con plata, compras con el tiempo de tu vida.

Cuando me hicieron pinta de presidente pobre, ¡pobres son ellos!… Si tenés que vivir en esa casa de gobierno, cuatro pisos para tomar un té, ¡dejáte de joder!… Prefiero una casita que la limpio cuando puedo con mi vieja, y se acabó el partido, y vivo cómodo. No soy pobre, soy cómodo, que es distinto… Hay que aprender a andar en la vida liviano de equipaje.

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