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Girona me enamora, por Enric Jové

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03/10/2023 a las 06:30

CEST


Cuando algo no es casual, hay que buscar en la causalidad que lo genera. En una misma semana hemos visto a los dos equipos de la ciudad, de los dos principales deportes del país, fútbol y baloncesto, en lo más alto de las tablas de sus respectivas competiciones: La Liga y la ACB. Por efímero que eso sea, hay que analizarlo.

Que el equipo en que el City Football Group y Pere Guardiola intuyeron que podía convertirse en su huella futbolística en La Liga, era por alguna razón, más allá de que era un equipo catalán; y que la cabra tira al monte. El imperio de Manchester podía escoger otras ciudades con más tradición futbolística o algún club con un mayor legado futbolístico, pero no lo hicieron. Seguramente les permitía empezar con menos presión, trabajar con un equipo de confianza bajo el radar y dar los pasos de una forma más sólida.

Un joven ejecutivo, suficientemente preparado, y de confianza del entorno de Mediabase, la compañía de Pere Guardiola, junto a un Presidente con un perfil poco habitual en el estridente mundo del fútbol permitieron avanzar con pie firme. Buenos fichajes, mejores cesiones y técnicos con un perfil muy determinado han hecho del proyecto un claro exponente de un modelo futbolístico. Pongan la guinda de Míchel como técnico superlativo y añadan su voluntad de integración, para acabar de hacerlo redondo.

Lo de Marc Gasol fue otra cosa. Tuvo un inicio más irracional, no por menos meditado, si no por más sentimental. Marc se sentía en deuda con Girona. Allí sucedió algo que cambio su trayectoria en el deporte profesional, tras una primera etapa difícil en el Barça. El proyecto del Akasvayu Girona vio como el mediano de los Gasol se convertía en un jugador que pedía a gritos demostrar que podía jugar por méritos propios en la NBA, no por ser el hermano de nadie.

Pero ese proyecto fue una burbuja que se hinchó y pinchó al unísono que lo hizo la burbuja inmobiliaria. Marc estuvo allí dos años antes de aterrizar en Memphis, tiempo suficiente para enamorarse de la ciudad y sentir que cuando el baloncesto desapareció de Fontajau, a él le tocaba mover pieza. Hablan del ‘seny y la rauxa’, Marc es más bien de lo segundo. Tras la desaparición del equipo, en sus últimas temporadas en la NBA, el pívot tuvo claro que quería dejar un legado en forma de equipo que pensara en grande en Girona.

Con una visión puramente filantrópica, creó las estructuras de las categorías inferiores que le permitieron tener unos cimientos sólidos del proyecto. Lo de Marc tiene mucho mérito, pues año tras año, es el gran financiador de la entidad. Tres personas de su entorno más cercano desarrollaron su idea de club desde la distancia. Antoni Vilanova, reputado abogado, tan discreto, como sabio y honesto, hombre de confianza en el Barça de básquet de la época en la que Salvador Alemany estaba al mando de la sección, es el secretario de la Junta Directiva desde el inicio. Alex Formento, fue el hombre fuerte en la construcción de la estructura deportiva actual, hoy segundo entrenador tras volver a la entidad después de un periplo por México y el Baskonia. Junto a ellos siempre ha estado Stefi Batlle, actual directora general, mano derecha de Marc durante muchos años.

¿Qué ha pasado en Girona? Dos proyectos que tienen una visión filosófica que los fundamenta. Dos proyectos que han creído en la ciudad más allá de lo que habitualmente sucede en el mundo del deporte. Dos proyectos que no han buscado el retorno de la inversión, sino al contrario, han invertido sin esperar nada a cambio. 

Dos proyectos que han tenido al talento que lo ha estructurado desde una silenciosa profesionalidad. La ciudad debería valorar lo que tiene y hacer todo lo posible por mantenerlo mucho tiempo. Dicen que Sevilla tiene un color especial, pero Girona nos enamora, ahora en deporte. 

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