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Pilar Aymerich, la fotógrafa del feminismo y las calles

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Madrid


21/09/2023 a las 06:50

CEST


El Círculo de Bellas Artes acoge ‘Memoria vivida’, la primera gran retrospectiva de la Premio Nacional de Fotografía 

¿Qué ve cuando observa sus fotografías?

Veo una manera de vivir. Una manera de vivir que, además, está muy de acuerdo conmigo y que ha sido la manera de salvarme de todo.

¿De qué le ha salvado?

Cuando era pequeña, al salir del colegio de monjas, dije, madre de Dios, qué mierda de mundo. Y gracias a la fotografía he sobrevivido, porque si no, igual no.

¿Y este de ahora le sigue pareciendo también una mierda de mundo?

Sí, y tanto, pero continúo defendiéndome con la imagen, que ya es mucho.

Es Pilar Aymerich quien habla con este diario frente a la fotografía en blanco y negro de una función de teatro, en 1962, en el Teatro Romea. Es una imagen congelada de la obra Primera historia de Esther, de Salvador Espriu, y en el escenario se miran de frente dos mujeres que se acaban de hacer amigas y que después compartirán libros, reportajes y activismo: Pilar Aymerich y Montserrat Roig. En esa obra tenían 16 y 17 años y una sola frase cada una: “Yo decía ‘¡mare, mare, la mulassa!’ Y Montserrat contestaba ‘¡repiqueu, que sou a corpus!’ ¡Aún me acuerdo! Y cuando íbamos a hacer reportajes y nos pasaba alguna cosa, una vez unos de la OLP nos encerraron en un sótano, siempre decíamos, ‘¡mare, mare, la mulassa!’”.

Lo cuenta entre risas la Premio Nacional de Fotografía 2021 en la sala del Círculo de Bellas Artes (CBA) de Madrid que acoge la primera gran retrospectiva de su obra en una exposición titulada Memoria vivida, una muestra comisariada por Neus Miró, en colaboración con La Fábrica y el Centre d’Art Tecla Sala, que reúne más de 150 imágenes que abarcan toda su trayectoria, desde los años 60 hasta 2008. Aymerich inaugura la nueva temporada expositiva del CBA que dirige Valerio Rocco, que este año acogerá la obra de grandes nombres de la fotografía española, entre ellos ColitaGervasio Sánchez y Cristina García Rodero.

Primero fue el teatro

Una joven Aymerich conocerá al escenógrafo Fabià Puigserver y al dramaturgo Josep Maria Benet y Jornet, terminará de estudiar y no querrá dedicarse a la escena porque “el teatro profesional que había en Cataluña, en aquellos años, era de vodevil, tonterías, y yo estaba acostumbrada al teatro de vanguardia”. En 1965 viaja a Londres y se detiene en las imágenes de la buhardilla en que vivía, y recuerda que en esos años las canciones de los Beatles y los Stones se mezclaban con las consignas contra guerras como la de Vietnam y que un día le pedirá a su padre que le mande por correo la cámara que usaba para hacerle fotos cuando era una cría. Y saldrá con ella a la calle y después se irá a París unos años y volverá a Barcelona en 1968, donde se reencontrará con la escena independiente y underground, y ahí están sus fotos de la obra con la que abrió sus puertas el Teatre Lliure o el primer Festival Grec, pero también la imagen de Katy, una transexual de la que se hará amiga y a la que retrata en la habitación de la pensión en la que vive, en el mismo edificio donde estaba ese local de variedades al final de las Ramblas llamado Cúpula Venus. “Yo buscaba historias”, dice, “en realidad, lo que yo siempre he pretendido es contar historias en imágenes y Katy me ofrecía una historia no habitual, que tardé muchos años en poder publicar”.

‘Carnaval en Vilanova i La Geltrú’ (1972).

| PILAR AYMERICH

Desde el principio, Aymerich imprimirá a sus fotografías una mirada de escenógrafa y saldrá a la calle horas antes de la convocatoria de las protestas y estudiará la luz y el paisaje urbano y, cuando lleguen los manifestantes, ella no “cazará” la foto: “Los fotógrafos dicen eso de ‘voy a cazar una imagen’. Yo no, yo pesco, voy allí, espero y siempre sale alguna cosa”. Y en esos años tras la muerte de Franco, Aymerich estará en las avenidas y en los paraninfos universitarios, en las huelgas, las asambleas y las manifestaciones, pero nunca se fijará en las cabeceras, en la primera pancarta. Se meterá dentro y observará a la gente y firmará imágenes tan icónicas como la de esa madre joven que lleva a su hijo subido a los hombros y de su cuello cuelga un cartel que dice ‘jo també sóc adúltera’ en una manifestación de 1976 a favor de la despenalización del adulterio.

“Estuve buscando muchos años a la chica de la foto para agradecérsela, y por fin voy a hablar con ella porque la he encontrado hace poco”, explica Aymerich, que también retratará el encierro de las mujeres de los trabajadores de Motor Ibérica, las protestas de los obreros de la construcción, la Bolsa de Barcelona repleta de hombres y a todas aquellas mujeres que salieron en 1977 a la calle para gritar contra la violación y muerte de una trabajadora de Sabadell llamada Antonia España, y protestarán junto al Cine Comedia de Barcelona, que en ese momento tenía en cartel una de esas películas del destape, “completamente denigrantes para la mujer”, dice, “titulada Los pecados de un ardiente varón”.

‘Manifestación contra la violación y muerte de Antonia España en Sabadell’ (1977).

| PILAR AYMERICH

La cámara de Aymerich registrará los albores del movimiento feminista en España, “desde las mujeres intelectuales que están intentando dar forma al movimiento feminista de una manera teórica, hasta las mujeres obreras que están reivindicando en las fábricas. Esto será el principio, después vendrá el final de la Transición y el suflé se desmonta. En las manifestaciones siempre decíamos, ‘pero si somos cuatro viejas, ¿dónde están las jóvenes?’”, explica, “no como ahora”. Dice que tampoco la calle tiene hoy la misma energía que entonces: “La de ahora es una calle donde el ciudadano ha perdido la costumbre de reivindicar”.

¿Cómo la acogieron en un mundo que entonces estaba prácticamente ocupado por los hombres?

Muchas veces decía que bien, y es verdad. Pero después, pensándolo, decía, «¿cómo que bien?» O sea, no se acordaban de ti algunas veces. Cuando se hacía algún libro o cuando se hablaba de la fotografía en Cataluña, a veces te nombraban y luego pasaban de largo. Es delicado. A veces decíamos ‘voy a hacer de florero’ porque en las mesas redondas siempre tenía que haber una chica.

Esto sigue pasando, Pilar.

Esto continúa pasando, sí, el florero existe para toda la vida.

‘Lisa Gilbert. Serie Brujas’ (2007).

| PILAR AYMERICH

Memoria vivida se cierra con imágenes a color de un proyecto compartido con la historiadora Isabel Segura llamado Viajeras a La Habana, de 2008, y con una serie llamada Brujas, en la que Aymerich retrata a mujeres militantes de izquierda y pertenecientes al mundo sindical, con el torso denudo, para responder a la pregunta de “quiénes serían las brujas de la actualidad, quienes serían las mujeres que hoy serían quemadas en la hoguera”.

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