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¿Qué tan efectivas están siendo las movilizaciones? – Gobierno – Política

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“Que sea necesario llamar a una marcha así, uno se pregunta si no es también un reconocimiento de cierta debilidad, porque pareciera que hay dudas respecto del apoyo ciudadano, que se debe contrarrestar con una movilización masiva (…)”.

Esta expresión no alude a las marchas de esta semana en ciudades colombianas. Por tanto, tampoco alude al presidente Gustavo Petro y su gobierno. Es de la analista chilena Josefina Araos, investigadora del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), a propósito de una convocatoria hecha por el Gobierno de su país y que abrió un debate sobre la eficacia que están teniendo las movilizaciones ciudadanas hoy en día.

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Sin embargo, la frase no dista mucho de lo que analistas y dirigentes políticos han planteado aquí a raíz de lo ocurrido con la última convocatoria promovida por el presidente colombiano para que la gente se lanzara a las calles en apoyo a sus reformas políticas y su gestión. Solo que en este caso, la estrategia ha despertado dudas y polémica por la forma como se llevó a cabo.

Para empezar, justo es reconocer que hubo gente en las marchas: 30.000 personas en Bogotá (18.000 indígenas provenientes de otras regiones); 6.000 en Medellín; en Barranquilla fueron 2.000, según cifras oficiales, mientras que en Cali se habla de 3.800 a 4.000 manifestantes. La pregunta es qué tanto hubo de voluntad genuina de salir, qué tanto fue patrocinado por el mismo Gobierno y qué tanto está calando el discurso presidencial en la plaza pública.

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“En las últimas movilizaciones, a diferencia de las anteriores, el Gobierno se empleó a fondo por lograr una nutrida participación –señala Diógenes Rosero, analista político y director de la Fundación Foro Costa Atlántica–. En ese sentido, la movilización perdió el carácter espontáneo y fundamentalmente se restringe a los grupos sociales que apoyan al Gobierno. Hay modelos de participación más democráticos donde la ciudadanía interactúa y es coconstructora del desarrollo”.

Plaza de Bolívar. Presidente Gustavo Petro

Foto:

Milton Díaz / El Tiempo

Si bien en otros momentos estos llamados surtían el efecto deseado, las denuncias por millonarios recursos oficiales para sufragar gastos de los marchantes, especialmente indígenas, y a un mes de las elecciones regionales, sembraron de dudas la táctica gubernamental.

El pago de transporte, almuerzos, traslados, la promesa de conectar internet en las veredas y cosas por el estilo fueron la constante en medios y redes. El Gobierno salió a desmentir los señalamientos e intentó bajarle el tono a la situación, a pesar de que hubo casos como el de la Asociación de Campesinos de Sucre que le reconoció a la Unidad Investigativa de EL TIEMPO que a través de la Agencia Nacional de Tierras se estaba financiando la movilización del miércoles pasado.

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Pese a las explicaciones oficiales, el propio presidente Petro insinuó que esa posibilidad pudo darse. En un trino dijo que en gobiernos anteriores “se gastaba más en el Esmad agrediendo movilizaciones populares que nosotros ayudando al pueblo a movilizarse. La democracia es antes que nada una democracia movilizada”, dijo el jefe de Estado.

Bogota. Marchas 27 de septiembre

Marchas en la Plaza de Bolívar en Bogotá, con la presencia del presidente Petro

Foto:

Sergio Acero Yate / El Tiempo

Para Rosero, el contexto electoral también fue clave para la alta asistencia de personas. “En el Caribe marcharon candidatos y candidatas del Pacto Histórico o políticos afines al Gobierno. Se buscaron votos en las marchas”, asegura. Mientras que en Bogotá algunas campañas acusaron al Gobierno de estar promoviendo al candidato del Pacto con esta estrategia.

Edimer Latorre, director del programa de Sociología de la Universidad del Atlántico, considera que “el debate siempre gira en torno a la masividad de la espontaneidad de las marchas, el mecanismo de garantizar afluencia a través de sindicatos y de procesos pagados con ayuda del Estado dio resultados, pero le resta credibilidad al proceso de legitimidad de apoyo a las reformas del Gobierno”.

¿Se agotó el mecanismo?

Aunque no deja de preocupar la insinuación de que se haya utilizado el erario público para movilizaciones en favor del Ejecutivo, cosa que ya investigan la Procuraduría y otros organismos, cabe preguntarse cuál es la efectividad y receptividad que está teniendo entre la ciudadanía el llamado a tomarse las calles en apoyo al Gobierno. ¿Se agotó el mecanismo? ¿La gente se cansó? ¿El discurso se desconectó de los reclamos ciudadanos?

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Para el exministro Alejandro Gaviria, la desaceleración de la economía y el aumento de la violencia en los territorios están llevando a un “aumento de la demanda por estabilidad y orden”, que riñe con las demandas de justicia social y cambio expresados en el 2021 y 2022.

“El Gobierno no ha incorporado estos cambios en su discurso y como sigue aferrado a él, el discurso de hoy es divisivo, no integra a la sociedad, porque no incluye estas nuevas demandas que están creciendo. El Gobierno no ha adaptado su discurso, sus políticas, su forma incluso de involucrarse con la ciudadanía a unas nuevas realidades económicas y sociales que a su vez se han traducido en un clima de opinión distinto”, dice Gaviria.

Gustavo Petro

El presidente Gustavo Petro en la primera jornada de ‘Gobierno con el Pueblo’ en Bogotá.

Por su parte, Latorre precisa que el Gobierno logró el objetivo de movilizar a la ciudadanía en torno a lo que ha llamado el acuerdo nacional, pero, a su juicio, urge la ejecución de políticas públicas “más allá de la movilización social, es decir, si bien la movilización es un escenario cómodo para el Presidente, las reformas y las grandes decisiones de políticas públicas se toman en el Congreso, donde el Gobierno ha ido perdiendo mayorías”.

Santiago Puerta, vocero de la Colombia Humana en Antioquia, catalogó de exitosa la marcha del miércoles, porque la ciudadanía no ha visto acciones y cambios por los cuales votaron, y salieron a marchar. “La convocatoria estuvo muy concurrida por diferentes sectores que exigieron la aprobación de las reformas por las que votamos. Creo que en Medellín se debe dejar atrás la discusión de uribismo vs. petrismo, Medellín se ha vuelto una ciudad más crítica y de opinión”, expresó Puerta.

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El politólogo y docente de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) Sebastián Hurtado explica que la polarización está desdibujando el papel de las marchas y hay desgaste en las personas y en los mismos medios de comunicación. “Tanto desde el Gobierno como desde la oposición están utilizando las marchas como herramienta para ver qué tanto poder de convocatoria tienen y están abandonando los lugares tradicionales de la política y se está utilizando la calle para mostrar apoyo político”, opinó Hurtado.

Bogota. Marchas 27 de septiembre
Foto:

Milton Díaz / El Tiempo

En efecto, otro fenómeno que se advierte es cómo las marchas han pasado de ser un recurso propio de organizaciones sociales y sindicales a convertirse en un instrumento de respaldo a causas meramente políticas, como sostiene Juan Carlos Arenas, director del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia.

“Las marchas tienen impacto, si no lo tuvieran, no estarían en boca de tantos actores políticos y sociales, no se estarían haciendo tantas y no se estaría denunciando que, por ejemplo, haya una articulación entre agencias gubernamentales y movilización popular”, expresó.

Ahora bien, ver la plaza de Bolívar de Bogotá llena de gente es el tipo de símbolos que estimulan al presidente Petro, más que una obra pública, pero muy distinto es saber cuál es el impacto real que están causando sus palabras entre los asistentes.

El presidente Petro ha perdido eficacia retórica. No despierta el fervor que despertaba en la campaña –añade Alejandro Gaviria–. Le veo menos fuerza retórica en sus discursos. La gente espera de un presidente otra cosa: ya no solo diagnósticos y estos discursos panorámicos, sino acciones específicas, realizaciones y hechos. Está tratando de recuperar su eficacia retórica a la fuerza, forzando la situación, y no lo está logrando”.

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Quizás una prueba de esa pérdida de efectividad en el mensaje presidencial fue el inconformismo de un grupo de indígenas misak que, pocas horas después de finalizada la jornada, intentó ingresar al palacio presidencial para dialogar con el Presidente. Al final fueron atendidos por funcionarios del Ministerio del Interior y dos días después, por el mismo mandatario.

Arenas añade que habrá que ver si el resultado del 27 de septiembre refuerza las posiciones del Gobierno para negociar las reformas o si dificulta este trámite con el Congreso.

Por lo pronto, desde la oposición se anuncian nuevas marchas. Y aunque en teoría sus razones son más claras, no deja de llamar la atención que las concentraciones siguen persiguiendo objetivos disímiles y hoy son más un escenario para mostrar reciedumbre que para defender causas alejadas de la presión oficial.

Sería interesante pensar que en el futuro, por ejemplo, se convocara a una gran marcha de apoyo al acuerdo nacional que el Presidente ha propuesto en tres ocasiones. Pero para ello, este ya tendría que haberse consolidado mínimamente, de lo contrario, las marchas solo servirán para seguir alimentando en unos la ilusión de resistencia y, en otros, la evidencia de la debilidad del Gobierno.

Ernesto Cortés
(*) Con el apoyo del equipo periodístico de Medellín, Barranquilla y Cali.

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