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Seis conclusiones de las elecciones regionales en Colombia

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Aunque las grandes fuerzas políticas se impusieron en importantes alcaldías y gobernaciones de Colombia en las elecciones regionales del domingo, los analistas explicaron a la Voz de América que esta jornada permite concluir, entre otros aspectos, que es un país fragmentado políticamente y que los resultados no demuestran una derrota para el presidente Gustavo Petro, pero que las bases de su partido si son incipientes.

Asimismo demuestra, que los partidos tradicionales se impusieron y que los ciudadanos se decidieron más por opciones ya conocidas que por candidatos alternativos, diferente a lo que sucedió hace cuatro años.

Además, como señalaron los expertos, que las elecciones regionales no son un espejo de las presidenciales, sino que responden a necesidades locales y, por eso, aunque fueron elegidos críticos y opositores del gobierno, por ejemplo, en las principales ciudades del país, no hay una oposición clara ni fuerte.

En este sentido, la VOA explica cuáles fueron las principales conclusiones que la jornada electoral local en Colombia:

1. Las elecciones regionales son diferentes a las locales

Las elecciones regionales responden a necesidades territoriales. Laura Lizarazo, analista para Colombia de Control Risks, una empresa de consultoría a nivel mundial especializada en riesgos, explicó a la VOA que muchos de los candidatos ganadores en las cinco grandes capitales se han mostrado críticos a la gestión del presidente Gustavo Petro, pero este “no puede ser el lente para analizar los resultados electorales en otros municipios del país, donde esta división oponente o aliada del gobierno es absolutamente insuficiente para representar la candidaturas que triunfaron”.

Además, sería darle una lectura sesgada a los que pasa en las ciudades y municipios. “Los territorios tienen sus propias preocupaciones, sus propios actores que tienen un carácter local”.

2. Es un país fragmentado políticamente

Durante las elecciones regionales participaron 35 partidos distintos. Hace tres décadas, eran dos las principales líneas políticas del país.

En parte, esto se debe a que antes de la firma del Acuerdo de paz entre el Gobierno y las desaparecidas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, (FARC), la bandera política de los candidatos era la seguridad, pero tras el acuerdo, explica Pedro Viveros, analista político, salieron a relucir los problemas reales de la sociedad, lo que permitió que se abriera una agenda que “no ha logrado encauzarse” y que “cada sector político quiere interpretar”, sin un liderazgo visible.

Opinión que comparte analista para Colombia de Control Risks, quien además señaló a la VOA que hay “una apertura del espectro de temas y preocupaciones de la ciudadanía” e, incluso, los jóvenes que no se ven representados en la clase política tradicional.

3. La ciudadanía prefirió la tradición

Para Viveros, el país está “desencantado” con el gobierno nacional, que no ha podido cumplir con las promesas de campaña y, por eso, decidió “refugiarse en el establecimiento político y económico que ha gobernado Colombia, durante varios años, con lo bueno y con lo malo que eso significa”.

No obstante, aclara que en estos partidos también muchos candidatos “se camuflaron” y no mostraron las banderas de sus partidos, sino que se fueron a recoger unas firmas para tratar de ganar un poco de votos de opinión, pero por detrás de ellos había mucha máquina tradicional”.

El profesor Basset, además, añadió que en Colombia existen cuatro fuerzas políticas dominantes que no representan el interés nacional, pero sí los intereses locales y regionales fuertes. De esta manera, la tendencia fue más bien a “destacar la continuidad, la experiencia, a conservar lo que existe”, a diferencia de hace cuatro años que se apostó por las nuevas caras.

Cabe destacar, según Lizarazo, que estos partidos políticos han tejido redes «clientelares» con los clanes familiares políticos fuertes en las regiones que son los que “retienen la capacidad de convocar votos”.

4. No hay una oposición clara

Los analista coinciden en que no hay una cara visible de la oposición, entre tanta diversidad de partidos y líderes. Hay “muchos derrotados pero con pocos ganadores”, dice Viveros.

Para Basset, en unas elecciones locales, el oficialismo tiende a desligarse, cuando los resultados son desfavorables, y la oposición nacional, al contrario, trata de poner la narrativa de que se trata referéndum sobre la gestión del presidente. En este sentido, el profesor explicó a la VOA que en Colombia influyen muchos actores y tiene “un paisaje además jurídico muy fragmentado, muchos partidos políticos, coaliciones desordenadas entre ellos, lo que no hace fácil tener una lectura simplista, digamos, en términos de oficialismo y oposición a nivel nacional”.

Y, además, no está claro cuáles partidos apoyan en sí al Pacto Histórico, donde milita el presidente, y cuáles son de la oposición.

Pero, además, aclaró que es “paradójico esperar que la oposición nacional se comporte como tal en el ámbito local, porque son muchas fuerzas muy distintas” y no se debe esperar que “actúen unificada frente a una fuerza oficialista que en realidad no es una fuerza”.

5. Petrismo débil, pero no derrotado ni castigado

Para el analista Viveros, el presidente Gustavo Petro “sufre un duro golpe”, sobre todo en Bogotá, donde perdió un candidato abiertamente petrista, pero sus adeptos “camuflados”ganaron espacios en otras coaliciones. No obstante, sí considera que la base del petrismo está debilitado, sin que eso quiera decir que no pueda revitalizarse en el período que le queda para gobernar.

“El presidente tiene muchos recursos que se ha obtenido de una reforma tributaria, no ha gastado la plata porque ha habido poca ejecución y supongamos que el presidente logra, con este golpe, entenderlo… y puede perfectamente, en ese tiempo, recuperar mucho”.

Para Lizarazo, no hay una especie de voto castigo para el gobierno, porque se trata de gobiernos locales y sería una “lectura simplista que deja de lado la naturaleza local de las dinámicas políticas territoriales” donde son “preocupaciones y agendas y líderes locales y estructuras políticas las que definen los votos”. Simplemente, es una muestra de que el Pacto Histórico -donde milita el mandatario- es una coalición que está en el poder y es sumamente nueva.

El profesor Basset añadió, además, que este partido no tenía líderes de reconocimiento en estas elecciones, con excepción de Bogotá. Entonces, aunque enfatizó en que la izquierda en Colombia sigue siendo una fuerza “desorganizada, con pocos liderazgos locales, con pocos mecanismos formales para designar candidatos”, no muestran “una gran derrota” básicamente porque “no tenía antecedentes suficientes” para ellos, además de la “incapacidad de transformar o a reeditar los triunfos del año pasado para la izquierda”.

6. Bogotá se inclinó por la conciliación

En esta plaza, el vencedor fue Carlos Francisco Galán, hijo de Luis Carlos Galán, asesinado en 1989 en un atentado cuando aspiraba a la presidencia, y fundador del Nuevo Liberalismo.

El alcalde electo ya había recorrido un camino para llegar hasta ahí, pues fue su tercer intento para llegar al Palacio Liévano. En 2019, perdió por muy pocos votos, frente a la alcaldesa Claudia López -que también cuenta con altos índices de desaprobación de su gestión-, en la pasada contienda. Además, era el opositor más claro de Gustavo Bolívar, del candidato del partido del presidente.

“Todos se refugiaron en Galán, que había hecho una buena campaña hace cuatro años. Tenía unos buenos votos, tenía un buen pasado y estaba prometiendo un futuro que caló frente al «coco», o el diablo o el demonio, que para muchos representaba la llegada en Bogotá de Gustavo Bolívar”, explicó Viveros a la VOA.

Además, prometió seguir con el desarrollo de la construcción del metro en la ciudad, uno de los temas que recientemente avivó el debate entre el gobierno local y nacional, debido a que el presidente manifestó que debía modificarse lo ya pactado, siendo el tráfico vehicular uno de los temas que más preocupan a los bogotanos y quienes vieron la pausa o posibles cambios del proyecto inicial “como una amenaza”, según Viveros.

Pero, además, es de rescatar que genera “tranquilidad” y “logró encarnar en una un espíritu conciliador y un estilo bastante conciliador. Debe de estar abierto a hablar con todo el mundo, de armar consensos y durante toda su campaña hizo mucho énfasis sobre el hecho de de armar equipos”, afirmó Basset.

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