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Selección España: símbolo de lucha mundial del fútbol femenino tras caso Jenni Hermoso – Fútbol Internacional – Deportes

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Las futbolistas de España salieron a la cancha en sus recientes partidos de la selección con el puño izquierdo en alto y una pancarta que manifestaba en letras negras lo que sus voces unidas han venido gritando, un grito de batalla, un punto final que es más un muro de contención hacia el maltrato: “Se acabó”.

¿Se acabó qué? Se acabó el momento de estar calladas, de no exigir, de agachar la cabeza ante la dirigencia, se acabó el momento de que el fútbol femenino sea menospreciado. Las mujeres de la selección española de fútbol, vigentes campeonas mundiales, no están jugando, hablan en serio: quieren un cambio estructural. Ahora.

Las campeonas se han convertido en el símbolo mundial de la lucha del fútbol femenino, porque reclaman, porque exigen, porque no están dispuestas a permitir más maltratos. Son un ejemplo de lucha y reivindicación para las futbolistas en todos los países. Ellas no quieren besos descarados y abusivos, ni nada de esos desatinos, lo que quieren es derechos. No quieren falsas promesas, quieren hechos concretos. Las mujeres están cansadas del maltrato en el fútbol y por eso gritan, para que su voz tenga eco y repercuta en todas las instancias del deporte.

El beso en la boca de Luis Rubiales a la futbolista Jenni Hermoso, en la celebración del pasado título mundial, fue el detonante que activó la indignación reprimida. Un beso que despertó la ira colectiva y exacerbó los ánimos de las inconformes.

Jenni Hermoso y Luis Rubiales

El beso, que le dio la vuelta al mundo y acaparó los principales titulares de prensa, cobró el puesto de Rubiales, que se defiende diciendo que fue consensuado, en un caso en el que se le investiga por presuntos delitos de agresión sexual y coacciones.

Rubiales tuvo que dejar su cargo como presidente de la Real Federación Española (RFEF) y la vicepresidencia en la Uefa. Era una de las exigencias de las futbolistas, que en solidaridad con Hermoso no estaban dispuestas a dejar pasar semejante ofensa. “Me sentí vulnerable y víctima de una agresión”, dijo Hermoso y la repercusión fue universal. El “Se acabó” creció como una ola y pasó de ser un lema para convertirse en un movimiento.

‘Tolerancia cero’

A partir de ese episodio, de ese beso sin sentido, las jugadoras españolas se pusieron en pie de lucha. No era este un momento para estar calladas ni débiles. Al contrario, era la oportunidad para mostrarse fuertes, reivindicativas ante inconformidades que venían manifestando hace un año –en septiembre de 2022 15 futbolistas habían renunciado por desacuerdos con el DT y reclamaban condiciones salariales y de trabajo igualitarias respecto a la selección masculina–.

Las ya campeonas mundiales exigieron, a partir del caso Hermoso, cambios estructurales en la Federación. Además de la cabeza de Rubiales, rodó la del DT Jorge Vilda. Pero no era suficiente. Pidieron la reestructuración de varios organismos internos del fútbol femenino, como el gabinete de la presidencia y secretaría general, el área de comunicación y marketing y la dirección de integridad.

Exigieron además la dimisión del sucesor de Rubiales, el interino Pedro Rocha, y de la actual DT, Montse Tomé. “Los cambios especificados a la RFEF se basan en la tolerancia cero ante esas personas que desde un cargo dentro de la RFEF han tenido, incitado, escondido o aplaudido actitudes que van contra la dignidad de las mujeres”, expresaron en un comunicado firmado por 39 futbolistas, entre ellas 21 campeonas del mundo, que se negaron a ser convocadas para los recientes partidos de la Nations League. Por eso cuando vieron sus nombres en la lista hubo otra polémica. Tenían que acudir prácticamente obligadas, acorraladas por posibles multas o sanciones. Hermoso ni siquiera fue citada, dijeron que era para protegerla, y Hermoso respondió con furia: “¿protegerme de qué o de quién?”.

Finalmente las futbolistas acudieron, pero aprovecharon para reunirse con dirigentes, con personalidades gubernamentales. Llegaron a acuerdos y se creó una comisión para monitorear los cambios acordados, que se centrarán en políticas de igualdad, avances en la equiparación salarial y la mejora de la infraestructura del deporte femenino.

Entonces, con esos triunfos y esas garantías, jugaron los partidos, pero antes de cada uno mostraron el cartel con el lema que sigue vigente: “Se Acabó”, es lo que dicen, como dice una canción española de la que se apropiaron y que hace referencia a una mujer cansada del maltrato. Le ganaron 3-2 a Suecia y 5-0 a Suiza, como para demostrar que en la cancha no hay quien las pare, pero afuera tampoco.

Solidaridad mundial

Deberían estar celebrando el título mundial, recorriendo estadios con eufóricas vueltas olímpicas. Pero no, han tenido que reprimir su alegría para intentar ganar el partido que se les presentó sin pelota: el de la dignidad. Y su queja se ha vuelto universal.

“Las jugadoras deberían estar haciendo una gira de celebración muy larga, en cambio tienen que buscar una estrategia, tener quizás muchas reuniones entre ellas, y no pueden celebrar su excelencia, sino defenderla”, dijo la futbolista estadounidense Megan Rapinoe.

Megan Rapinoe
Foto:

KamKrzaczynski. AFP

Y la portera de Suecia, Hedvig Lindahl, elevó su voz de apoyo a Hermoso: “Si permitimos que alguien se comporte así en un escenario tan público como la final de un Mundial, ¿qué ocurrirá cuando nadie mira? Necesitamos asegurarnos de que esto no queda impune y garantizar que el fútbol sea un espacio seguro para todo”.
Las mujeres se hacen escuchar. No solo en el fútbol. En la industria de la música española se ha extendido el movimiento en redes para denunciar todo tipo de maltrato, agresión o abuso de poder o acoso machista. Así, “#Se acabó” recorre el mundo.

El lema, que lleva como anexo la frase “Nuestra lucha es una lucha global”, crece como pelota que se agiganta, es la frase de la reivindicación, de la lucha colectiva de unas deportistas que quieren dignidad, respeto, que nadie venga a quitarles lo que han ganado, a vulnerar su condición de mujeres, a menospreciar sus luchas. “Se acabó” no es solo un lema: es un movimiento por la dignidad.

Pablo Romero
Redactor de EL TIEMPO
@PabloRomeroET

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