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“Historia viviente” de la Revolución de EEUU en el hogar de Washington

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Humo, sonido de espadas y mosquetes, coloridos uniformes militares, tricornios y cañones rompieron la paz del bucólico Mount Vernon. Las tropas del general George Washington volvieron otra vez a casa.

A primera vista podría parecer el set de una película de época o que el tiempo ha dado vuelta atrás hasta la época en que el naciente Estados Unidos luchaba por independizarse del Imperio Británico. No… no es Halloween, ni un encuentro fortuito con piedras mágicas: es una demostración de «historia viviente» de la Revolución Estadounidense, creada por apasionados voluntarios que se meten en la piel de sus ancestros para preservar la historia de los orígenes de la nación.

Una vez al año, a inicios de la primavera, el emblemático hogar del primer presidente de EEUU se llena de cientos de entusiastas de la historia de todas las edades, comprometidos con una recreación lo más cercana posible a las costumbres y hechos documentados de la época de la Guerra de Independencia Estadounidense (1775-1783).

La atención a los detalles puede apreciarse en el cuidado que ponen al vestuario -muchas veces cosido por ellos mismos con técnicas del siglo XVIII-, las herramientas y utensilios para la vida en campaña, el lenguaje y hasta la comida que consumen durante los dos días que dura la experiencia.

Lo único que rompe la ilusión son los «civiles» que pasean móvil en mano entre las tiendas de campaña, los puestos de artesanos y los vendedores, que ofrecen desde pinturas, enseres, pipas, instrumentos para escribir y juguetes, hasta lociones, afeites y todo el vestuario necesario para convertirse en un colono americano de los años 1700.

Los puestos más populares son las pastelerías y las panaderías, que suelen vender todas sus existencias antes de que acaben los dos días del Fin de Semana de la Guerra Revolucionaria en Mount Vernon. «Es como probar un pedacito de historia», aseguró a la Voz de América Mary Wilson, una maestra de primaria que viajó desde Filadelfia hasta la casa-museo de Washington, situado en el estado de Virginia, a orillas del río Potomac.

Wilson se marchó de Mount Vernon con «lo suficiente para el desayuno de una semana» en una bolsa de panes artesanales, horneados siguiendo recetas de más de 300 años de antigüedad.

Durante la experiencia, celebrada el 4 y 5 de mayo en las áreas que rodean a la mansión donde vivió Washington con su esposa Martha, también hubo espacio para demostraciones de bailes, cerámica y técnicas médicas en el campo de batalla, explicadas por dos «cirujanos del ejército británico».

En el centro del campo y justo enfrente al hogar de los Washington, se alzó la réplica en tamaño real de la tienda que el general del Ejército Continental usó como cuartel general. «

«Esta es una reproducción de la tienda de campaña de Washington. Fue esencialmente su oficina y dormitorio durante los ocho años de la Guerra Revolucionaria. Aquí es donde realizó la mayor parte de su correspondencia: reuniones con personal privado, sus comidas en solitario y ese tipo de cosas. Pasó mucho tiempo dentro de esta tienda», explicó a la VOA Mckinley, un voluntario de 24 años que trabaja hace cinco años con el Museo de la Historia Revolucionaria de Filadelfia, donde se encuentra la tienda original.

La exhibición itinerante forma parte del proyecto «La primera oficina oval de EEUU», que «ofrece a los visitantes la oportunidad de examinar lo que significa el deber cívico (…) El experimento estadounidense exige que la gente investigue su pasado», precisó Joel Anderson, un «historiador intérprete» del Museo de Filadelfia.

Cerca de la tienda del general Washington, los campamentos británico y del Ejército Continental, con carpas más modestas y una recreación muy cercana a la realidad histórica de lo que fue la vida en campaña durante la guerra.

Las tiendas de las tropas se alinean en fila al frente de los campamentos, detrás están las «cocinas» al aire libre y las carpas administrativas y de los oficiales.

El ambiente es tan real, que resulta fácil perderse en la ilusión de que realmente se camina entre casacas rojas y azules en un momento de descanso.

El compromiso es tal que los voluntarios que participan en los ejercicios militares como parte de las distintas compañías, pasan toda la experiencia vestidos con indumentaria de época y duermen en las tiendas, que acomodan estrechamente a seis ocupantes. Cinco, porque siempre debe permanecer uno de guardia.

Las recreaciones de batallas y demostraciones de artillería son el momento más esperado por los asistentes a este tipo de experiencias de «historia viviente». Los enfrentamientos y escaramuzas entre uno y otro bando atraen a la mayor cantidad de espectadores.

Las tropas de infantería regular son el grupo más grande y el que usualmente determina el curso de una batalla, así como su resultado. Son el corazón de un ejército. Mientras del lado británico son muy reconocibles por el color rojo de su uniforme – de ahí lo del famoso «¡Que vienen las casacas rojas!»-, el Ejército Continental de Washington luce varios colores, pero predomina el azul oscuro, en contraste con las tropas del rey Jorge III.

En las recreaciones no sólo participan hombres, las mujeres también tenían sus funciones, incluso durante la batalla. Las esposas y familiares de soldados y oficiales usualmente realizaban actividades esenciales, que incluían lavandería, cocina, enfermería, y logística. Varias también actuaban como enfermeras de combate, asistiendo a los heridos y llevando agua y mensajes durante la acción.

Este tipo de recreaciones tiene lugar en diferentes puntos del noreste de EEUU, en los estados que formaban las antiguas Trece Colonias Americanas. Voluntarios dedican casi la mayor parte de su tiempo libre a entrenar diferentes tácticas usadas en batallas famosas, a asegurarse de que sus armas y vestimenta sean lo más apegadas a la historia posible, además de estudiar para poder responder las preguntas de cientos de curiosos que llegan a ver estas celebraciones del pasado.

«Los más curiosos son los niños. Es muy gratificante cuando se te acercan y te llaman: ‘soldado, soldado, ¿tú peleaste con Washington?’, y te preguntan sobre el uniforme, la espada y qué haces en el Ejército. Es una de las partes que más me gusta de este hobby que a veces me consume todo mi tiempo libre», aseguró Steven, un veterano que lleva «viviendo en la piel» de un soldado de infantería del Ejército Continental desde 2012.

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